miércoles, 16 de enero de 2008

EXPIACIÓN: MÁS ALLÁ DE LA PASIÓN

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El lucimiento técnico rompe el formalismo en la estructura narrativa de una cinta carente de alma que, sin embargo, cuenta con sobrados elementos para encandilar.
Joe Wright aborda una tragedia en tres actos con el pulso de los Grandes.



Esa manera de recorrer los pasillos... la frenética persecución de los protagonistas con la justa profundidad de campo y el mínimo movimiento de cámara, la elevación del objetivo a la categoría de personaje, ese inconfundible “travelling lateral”, los planos secuencia tomados a ras del suelo... ¿A quién me recuerdan?

Joe Wright, cineasta nacido en los años setenta, ha sido injustamente comparado con James Ivory, quizás por la exitosa realización de su ópera prima, Orgullo y Prejuicio. Pero incluso en un relato de Jane Austen, Wright supo alejarse de la lentitud y de la solemnidad (que nunca fueron sinónimos de profundidad) inherentes a la filmografía de Ivory, para imprimir un ritmo nuevo, certero, acorde con la creencia de que los sentimientos son universales y, por lo tanto, atemporales, con la finalidad de hacer llegar este tipo de historias a un mayor número de espectadores; tal y como Ang Lee propusiera para Sentido y Sensibilidad.

En esta ocasión, en la que es su segunda película, un proyecto del que se hace cargo tras ser rechazado por el director Richard Eyre, se puede seguir apreciando su enorme talento tras las cámaras, para descubrir una serie de aspectos técnicos de especial relevancia, que no aparecían en su primer trabajo, y que le acercan a uno de los Grandes. No sería descabellado pensar que este reto, indudablemente importante para su carrera, haya querido ser abordado tomando como referente al mayor adaptador de novelas de todos los tiempos, a Stanley Kubrick. Es más, me atrevería a asegurar que el incomparable estilo del maestro flota en el ambiente desde la concepción del guión.





Aunque no aparezca en los títulos de crédito, el director trabaja con el guionista hasta la extenuación, consiguiendo desestructurar el relato hasta convertir en imágenes la palabra escrita (Lolita). La presentación de los personajes y el trato que se da a éstos, deja entrever el más absoluto de los distanciamientos, mientras que la historia es mostrada con la mayor asepsia posible, sin síntomas de simpatía con ninguno de los protagonistas para que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones (determinante en el universo Kubrick, quien nunca quiso dar una explicación de su Odisea en el Espacio). Los tres flashbacks del primer acto narrativo, prácticamente imperceptibles y cercanos en el tiempo, consiguen analizar el mismo hecho desde diferentes puntos de vista (Atraco Perfecto), para ser sabiamente introducidos mediante objetos sobre los que se hace reparar. Una técnica que trae a la memoria cinéfila el buen hacer de tiempos pretéritos, que habría conseguido su máxima expresión en aquel calendario de Escrito sobre el Viento de Douglas Sirk.

Si a estas inclinaciones le sumamos las virguerías técnicas señaladas en el inicio de este artículo, llegamos a la conclusión de que es difícil y peligroso jugar a ser Stanley Kubrick. Al maestro, considerado un mecanismo de relojería, jamás le faltó ni sobró un solo elemento en la exposición final de sus trabajos. Un acierto del que Wright, en esta cinta, no puede presumir.


Expiación es, básicamente, un amalgama de imágenes y sonidos, en la que prima la técnica sobre la narración. La excesiva obsesión por el mimo de cada detalle consigue enaltecer las partes en detrimento del todo, dejando la sensación de un fondo perfectamente coloreado dentro de una silueta inacabada que nunca se llega a percibir. Un golpe de efecto que funciona durante los primeros minutos, y que pronto se antoja insuficiente para llegar a buen puerto. De esta manera, en el tercer espacio narrativo, cuando ésta consigue ser perfilada, la manida base argumental del Pasaje a La India de David Lane pesa demasiado como para prestarle atención.



Frente al abuso de escenas que nada aportan a la trama ni contribuyen al avance de la acción (recuérdense el laberinto de flashbacks del segundo tiempo que sólo permiten el lucimiento del cineasta), se añoran aquellas otras que habrían dado perspectiva a los pensamientos de los personajes y al desarrollo de sus relaciones interpersonales, objetivo fundamental del original literario. Sin embargo, la frialdad con la que se exponen los hechos, la nula implicación del cineasta en el relato, originan una falta de empatía en el devenir de los acontecimientos, que hacen de ella una historia preciosista para alimentar los sentidos, sin llegar al corazón.


Con este proceder, se abona el terreno que hace prosperar los diversos aspectos técnicos, merecedores de los máximos galardones. La imponente dirección artística recrea el ambiente de lujo y aparente sosiego que se respira en la mansión de los Tallis con la misma precisión con la que recoge la desolación de Londres en la Segunda Guerra Mundial, o la devastación que ofrece el impresionante plano secuencia en circular de la playa francesa de Dunkerque en 1940 (en realidad, rodada en territorio británico), hasta llegar a la época actual. Unos cambios importantes que también son recogidos por la excelente banda sonora, en muchos momentos mezclada con el insistente teclear de una máquina de escribir, o la aceptable fotografía del director de Las Horas, que da su Do de pecho con un trozo de jarrón depositado en el fondo de una fuente. Una imagen calcada de aquella mítica con la que Néstor Almendros conseguía un oscar en Días del Cielo.


Dentro del reparto, nos encontramos con la que es, sin duda alguna, la mejor interpretación de Keira Knightley hasta el momento, el milagro que hace pensar a los que no creemos en ella que algo debe de tener el agua, aparte de hidrógeno, cuando la bendicen. Destaca, igualmente, la excelente actuación de Saoirse Ronan, la actriz adolescente, y es digna de lamentar la inexpresividad de la apuesta masculina, James McAvoy, responsable, en muchos momentos, de la apabullante falta de química existente en el pretendido romance.

Todo lo cual nos lleva al convencimiento de que muchas serán las nominaciones que recaigan sobre Expiación, y que muy mal deben de estar las cosas por Hollywood para que, finalmente, sea considerada la película del año.

FICHA DE LA PELÍCULA:
TITULO ORIGINAL Atonement
AÑO 2007 DURACIÓN 123 min. Trailers/Vídeos
PAÍS REINO UNIDO
DIRECTOR Joe Wright
GUIÓN Christopher Hampton (Novela: Ian McEwan)
MÚSICA Dario Marianelli
FOTOGRAFÍA Seamus McGarvey
REPARTO Keira Knightley, James McAvoy, Romola Garai, Saoirse Ronan, Brenda Blethyn, Vanessa Redgrave, Juno Temple, Gina McKee, Michelle Duncan
PRODUCTORA Coproducción GB-USA; Working Title Films

NOMINACIONES Y PREMIOS:
2007: 7 nominaciones a los Oscar: Mejor película, guión adaptado, actriz de reparto (Saoirse Ronan), fotografía, banda sonora, dirección artística, vestuario. 2007: 2 Globos de Oro (Mejor película drama, mejor banda sonora).

4 comentarios:

Iván Muñoz dijo...

El sueño de todo crítico es saber resumir una película entera en una sola frase. Enhorabuena porque tú lo has hecho: "Una historia preciosista para alimentar los sentidos sin llegar al corazón". Es lo que pensé cuando la vi.
Un beso y enhorabuena otra vez.

Goethemola dijo...

Totalmente de acuerdo con el último párrafo. No entiendo cómo TANTA gente ha podido quedar TAN encandilada con esta película pero, en fin... Probablemente sea yo el que esté equivocado, y es una buena película al fin y al cabo, pero tampco la octava maravilla del mundo.

Un saludete!

Andres Pons dijo...

joder. Que forma de escribir, es realmente impresionante. Me tendrias que dar clases.

M.I. dijo...

Es un placer verte por aquí, Oscar. Ya me di cuenta de que habíamos coincidido en el titular, y palabra que no te copié, jajajajjaa.

Bienvenido a mi humilde morada.


Y muchísimas gracias y Bienvenido, Sr. Pons. No creo que yo te tenga que dar clases de escribir. Tú escribes muy bien y tienes una maravillosa vida para cultivarte por delante.

Gracias por vuestras visitas.